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Un olor, un plato y una decisión: ¿qué percibe tu perro?

23 sept
5 min de lectura

Actualizado: 3 oct

Perro acercando su nariz a un plato de alimento en una cocina.

Cerebros Caninos · PetSense


Un estudio de 2024 exploró si un olor humano podía influir en las decisiones de los perros. Para entender lo que encontró, hay que seguir una historia con platos de comida, expectativas y un detalle que cambia la interpretación.


Imaginemos que llegas a la casa después de un día largo. Te tocó taco, quedó un correo sin responder y todavía tienes que pensar qué vas a preparar para la once. Apenas abres la puerta, tu perro se acerca y te olfatea. Tú miras la bolsa del pan y sospechas que el interés viene por ahí.


Puede ser. Pero la escena también nos deja una pregunta: ¿qué otras pistas podría encontrar en los olores que llevamos encima? Y, más interesante todavía, ¿podrían esas pistas influir en alguna de sus decisiones?


Para investigar algo así hay que pasar de una escena cotidiana a una pregunta que se pueda poner a prueba. Eso hizo un equipo encabezado por Zoe Parr-Cortes en un estudio publicado el 22 de julio de 2024 en Scientific Reports. En esta entrega de Cerebros Caninos vamos a seguirles la pista.


Primero, un plato de comida


Si tu perro reconoce el lugar donde guardas sus premios, ya tienes una buena puerta de entrada a esta historia: con la experiencia, un lugar puede anunciar que viene algo bueno.


En el experimento, los perros aprendieron algo parecido. Cuando el plato estaba en un lugar, encontraban comida. Cuando estaba en otro, estaba vacío. Después de practicar, la ubicación del plato les daba una pista sobre lo que podían esperar.


Ahora viene el cambio: los investigadores pusieron el plato en lugares nuevos, entre esos dos puntos conocidos. Probaron tres ubicaciones: una cerca del lugar que había tenido comida, otra al medio y otra cerca del lugar donde el plato había estado vacío.


Imagina la situación desde el lugar del perro. Ya conoce dos sitios: uno donde suele valer la pena acercarse y otro donde no ha encontrado nada. Pero este plato está en un sitio distinto. La experiencia anterior puede orientarlo, aunque ya no le da una respuesta segura.


Esa pequeña duda era justamente lo que interesaba estudiar. El equipo registró si el perro se acercaba al plato durante los 30 segundos de la prueba. Acercarse o quedarse a distancia podía dar una pista sobre lo que esperaba encontrar.


En ciencia, esto se llama una prueba de sesgo cognitivo. El nombre suena más complicado que la idea: observar cómo responde un animal cuando tiene que decidir sin saber bien qué ocurrirá. Podemos mirar lo que hace, aunque no preguntarle después qué estaba pensando.


Y entonces entra la nariz


Faltaba sumar el ingrediente que da origen a esta historia: los olores humanos. ¿Cambiaría la respuesta del perro si, además del plato, había un olor distinto en la prueba?


De los 26 perros que participaron, 18 completaron el estudio. Cada uno hizo tres sesiones. En la primera se usó un paño sin olor humano. Esa primera ronda servía como punto de comparación: permitía observar cómo respondía el perro antes de presentar las muestras de olor.


En las otras dos sesiones se usaron muestras recogidas de tres personas desconocidas para los perros: unas mientras esas personas pasaban por una situación estresante y otras durante una situación de relajación. Algunos perros recibieron primero el olor recogido durante el estrés; otros, el recogido durante la relajación.


La pregunta era concreta: ante un plato cuyo contenido no podían anticipar con seguridad, ¿se acercarían de la misma manera con esos distintos olores?


La pista apareció en un lugar concreto


Con el olor recogido durante el estrés, los perros tuvieron menos probabilidades de acercarse al plato cuando estaba cerca del lugar donde antes no habían encontrado comida. La comparación se hizo con la primera sesión, la del paño sin olor humano.


Dicho de manera cotidiana: frente a ese plato que dejaba dudas, parecían más cautelosos a la hora de ir a mirar. Los investigadores proponen una explicación: quizá esperaban encontrar el plato vacío. Es una interpretación de su conducta: el experimento no permite saber directamente qué sentían.


Hasta aquí, la historia parece sencilla. Pero al mirar los resultados por grupos aparece un detalle: la diferencia se observó solamente en los nueve perros que recibieron el olor recogido durante el estrés en su tercera sesión. Tampoco se encontró el mismo resultado en las otras dos ubicaciones nuevas del plato.


Además, al comparar directamente las sesiones con olor recogido durante el estrés y durante la relajación, los datos no permitieron establecer una diferencia clara entre ambas. Por eso conviene recordar con qué se hizo la comparación que sí mostró el cambio: con el paño sin olor humano.


¿Por qué importa que fuera la tercera sesión? Porque los perros ya habían pasado por la prueba dos veces. Pensemos en lo que nos ocurre cuando repetimos un juego: nuestra respuesta puede cambiar porque conocemos mejor cómo funciona. Algo parecido podría influir aquí. El equipo necesitaba distinguir cuánto del cambio se relacionaba con el olor y cuánto con la experiencia acumulada.


Para aclararlo habría ayudado comparar con otro grupo que repitiera las tres sesiones usando siempre el paño sin olor humano. Así se habría podido observar qué cambiaba solo por repetir la actividad. Ese grupo no formó parte del estudio.


Nos queda, entonces, una pista interesante que todavía necesita más investigación: ciertos olores humanos podrían influir en cómo los perros responden ante una situación incierta. Con 18 perros y muestras de tres personas, aún falta saber si el resultado se repite en otros grupos y cómo se relaciona con la vida en nuestras casas.


Qué nos enseña este estudio en PetSense


Volvamos a la puerta de la casa y a ese perro que se acerca a olfatearte. Ahora tenemos una pregunta más interesante, aunque todavía no una explicación para todo lo que hace.


En PetSense, este trabajo nos invita a prestar atención al contexto. Cuando acompañamos el aprendizaje de un perro, nos interesa conocer qué ocurre a su alrededor, qué experiencias ha tenido y qué dificultad le estamos proponiendo.


Pensemos en una actividad que parecía fácil ayer. Hoy hay ruido en el pasillo, llegaron visitas o estamos tratando de hacer todo apurados. Antes de insistir, podemos observar: ¿el perro se acerca?, ¿se aleja?, ¿participa?, ¿necesita espacio?


Podemos simplificar la actividad, buscar un lugar más tranquilo u ofrecer una pausa. Estas son orientaciones de acompañamiento de PetSense; el experimento no evaluó esas prácticas ni demostró que cambiar nuestro olor mejore el aprendizaje.


Tampoco permite concluir que un día estresante del tutor sea la causa de una dificultad de su perro. La convivencia tiene muchas variables y cada perro trae su propia historia.


La próxima vez que se acerque a olfatearte, puedes quedarte un momento con esa curiosidad: ¿qué información estará encontrando? Mientras la ciencia sigue investigando, observarlo con atención ya nos da un buen punto de partida para conocerlo mejor.


Si quieres trabajar las dificultades de la convivencia o acompañar el aprendizaje de tu perro, en PetSense podemos orientarte sobre un servicio pertinente para él y tu familia.



Fuente científica


Parr-Cortes, Z., Müller, C. T., Talas, L., Mendl, M., Guest, C., & Rooney, N. J. (2024). The odour of an unfamiliar stressed or relaxed person affects dogs’ responses to a cognitive bias test. Scientific Reports, 14, Article 15843. https://doi.org/10.1038/s41598-024-66147-1


Explicación y adaptación narrativa original de PetSense de un estudio publicado bajo licencia CC BY 4.0. Las propuestas de acompañamiento de PetSense no fueron evaluadas en ese experimento.

 
 
 

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